Miedo a la infertilidad, el cuerpo y la mente

Tener un hijo es una experiencia maravillosa. Muchas mujeres desean con todas sus fuerzas tener uno  y no lo consiguen. Las razones de esa posible infertilidad pueden ser médicas, pero… no siempre es esa la causa.

A lo mejor te ha pasado a ti: después de un tiempo intentando quedarte embarazada, no lo logras y empiezas a inquietarte… ¿Me pasará algo?, ¿o será a mi pareja? , ¿y si no podemos tener un hijo? Lo comentas en tu círculo de amigos: los médicos dicen que todo está bien, pero la cuestión es que no te quedas embarazada. ¿Cómo te hace sentir esto?

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Pues bien,  las emociones, los  pensamientos, los  sentimientos, la imaginación y la preocupación por lo que todavía no ha ocurrido, están influyendo en nuestro psiquismo. Las creencias, las experiencias traumáticas, los fracasos anteriores, también  nos están afectando.

Entre lo que pienso, lo que siento y  lo que imagino,  hay un desgaste energético que debilita nuestro sistema hormonal, neurológico y psicológico.

El estrés, la ansiedad y la angustia también juegan a la contra, desregulando además todo nuestro sistema emocional.

¿Qué puedes hacer cuándo te encuentras en esta situación?, ¿cómo  actuar?

Controlar esos sentimientos es complicado cuando no puedes dejar de pensar en ello. Para eso, es necesaria una autorregulación emocional, esto es, ver el sistema de creencias en el cual te apoyas, la autoaceptación …

En definitiva, hay  que trabajar la mente, a la vez que el cuerpo. Y esto es más fácil de conseguir a través del  Yoga.

Yoga=Yugo= cuerpo-mente.

Los 50 beneficios del yoga, lee y juzga tú misma.

Puede que creas que sola no puedes, pero no es así, solo necesitas empezar a practicar.

En los próximos posts:

Los efectos de la risa en la fecundación

El yoga de la risa.

Imagen: Paul Alexander, xchng.

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Vamos a incrementar la autoestima

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¿Sabes cuál es la clave para incrementar la autoestima?

Estos pasos te ayudarán a trabajar sobre ella.

1.  Reconocer las voces dentro de mi mente que me disminuyen.

En nuestro interior existen unas “vocecillas”, unos pensamientos, que actúan de forma taquigráfica; son rápidos, firmes y concisos. Se filtran dentro de nuestra cabeza, sin que apenas nos demos cuenta. Y actúan continuamente. Si te distraes y, no te percatas de ellos, se encargan de sabotear cualquier intento de éxito. Ráfagas tales como: “no sirves”, “nunca llegarás a nada”, “torpe”, “vago”, etc. etc. son algunas de esas “inocentes vocecillas”.

2.    Reformular lo que dicen esas creencias y opiniones

Las oímos pronunciar desde nuestra más tierna infancia (generalmente por nuestros padres) sin apenas entenderlas,  y se instalan desde ese mismo momento,  convirtiéndose, mas tarde, en creencias absolutas. ¿Habéis dicho u oído alguna vez: “no te subas al columpio que te vas a caer” (patoso) “Pablito es un encanto, ahora… Jaime, el pobre, no da una a derechas, es un torpón (torpe), “Este niño es clavadito a su…, nunca llegará a nada” (inútil). Todas estas y otras etiquetas más, a base de repetirlas, consiguen que el automático se dispare solo.

Y, se apoderan de nosotros, en cualquier momento o situación.

Ej: Hoy se te ha quemado la comida porque estabas atendiendo a tu hijo y no podías dejarle.

Pensamiento: “eres una inútil, te ahogas en un vaso de agua”

Consecuencia: Te ves  empequeñecida, te deprimes, no hablas.

3.    Poner mi atención sólo en pensamientos constructivos

Reformulación: Cada día hago la comida y está exquisita. El que hoy se haya quemado no quiere decir que sea una inútil, simplemente me entretuve un poco más con mi hijo/a.

Al pensar así, acepto un fallo puntual, a la vez que sigo reconociendo mi valía personal y poniendo la atención en “lo mejor de mi”.

4.    Tener conciencia de la emoción que generan los pensamientos positivos y los negativos.

Observa el impacto entre las emociones negativas de rabia, odio, desesperanza… y  las positivas como alegría, optimismo, seguridad, confianza. Tanto unas como otras revierten en nuestro organismo generando malestar o bienestar.

5.    Reconocer que los pensamientos que se sienten bien son los que me construyen y los que se sienten mal me disminuyen.

Cuando reconozco una cualidad en mi, es como si, de pronto, me hubiera descubierto. La primera cualidad generará otras muchas que harán incrementar mi autoestima y sentir una gran satisfacción. Esto es imparable, una tras otra, van saliendo de su escondite y voy creciendo, me siento cada vez mejor y mejor y más fácilmente va fluyendo mi propia energía.

6.    Elegir la dirección de mis pensamientos

Y  comienzas a dirigir tus pensamientos, a ser consciente de ellos y a cambiarlos a voluntad. “Soy fuerte”,” Me siento bien”, “Soy una persona valiosa”…

7.    Silenciar mi mente para permitirme sentir mi esencia

Para acallar un pensamiento molesto y repetitivo,  no es necesario que pronuncies  una y otra vez, no quiero pensar, no quiero pensar, simplemente, escucha, acepta y déjale ir, sin interpretarle. Solo así, empezarás a sentir tu esencia, lo que eres, lo que sientes, en este preciso momento.

8.    Fortalecerme con la fuerza interior que brota

A esto, yo lo llamo meditación: “Cuando dejas de escuchar tu pensamiento, brota tu fuerza interior” Y practicándolo, día a día, aunque solo sea unos minutos, vas creando un hábito, hasta llegar a integrarlo en tu vida diaria.

9.    Empezar a disfrutar de este camino, apreciando cada pequeño paso que logre dar.

Y, como suelo decir, “la bola de nieve se forma copo a copo” Así que, comienza despacio pero sin pausa, sé constante y agradécete cualquier cambio por pequeño que sea.

Como puedes ver, la autoestima es una  de las consecuencias de conectar con tu esencia, de acercarte más y más a esa parte interna de ti.